Luis, ¿qué tal estás?
Y uno responde: bien, bien.
Y nunca sabrá si lo que ha dicho es cierto o no.
Pero yo estoy bien.
Trabajando en un restaurante de comida española en el centro de Bogotá, por una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Si la tortilla y la paella me producían melancolía, en el último mes he llegado a estar literalmente fatigado. Y es que la tortilla suele ponerse mala y nos la dan a los meseros como almuerzo día sí, día también. Es gracioso enfrentarse a todos esos sabores y olores estando en otro país y vender como delicia exclusiva aceitunas con boquerones en vinagre, un bocadillo de calamares o una ración de bravas. Todos en el restaurante alucinan al ver a un español de camarero. Y es que salvo el patrón, todos los demás son colombianos. De hecho han corrido el rumor de que soy el sobrino del jefe, supongo que es la única explicación posible a la idea de que un primermundista trabaje de algo tan bajo en un país tercermundista  como Colombia (esto lo dicen ellos, no yo). Siempre me preguntan qué hago aquí cuando en España se gana más plata, se vive mejor y las mujeres son más arrojadas y calientes. Todos piensan que en España uno llega al bar y las mujeres se le tiran encima, satisfaciéndole todo tipo de deseos y sueños sexuales. La culpa de ello lo tiene el cine porno español, el único que ven pues no hace falta ser doblado y es el de mejor “calidad”. Desde que salí me he dado cuenta de lo potente que es esa industria y el daño que ha hecho en el subconsciente de los hombres latinos. Advierto a los sociólogos que investiguen el tema pues puede que sea una de las grandes causas de la inmigración en España.
Y mientras me preguntan todo el día el significado de coño y gilipollas, trato de trabajar duro y ahorrar para comprar una nueva portátil y vengar así la mía que quedó por ahí en manos de ladrones colombianos. En apenas dos semanas viene mi santa madre y su santo esposo a visitar y daremos unas vueltas por el país, Cartagena, Medellín….El otro día fui a pedir una prórroga para quedarme un mes más en Colombia con la VISA de turista. Me había pasado dos días desde la última que me dieron, siendo por dos días ilegal. Al decírselo al policía que me atendía la petición de prórroga me dijo que no había problema. Me dieron un mes más sin problema. Ya de paso pregunté qué pasaba si me quedaba en el país habiendo vencido mi visa a lo que me respondió resuelto que solamente pagaría una multa que ascendía a una cantidad aproximada entre un sueldo mínimo y dos, es decir, entre 200 y 400 euros. Luego podía renovar la VISA de turista o podía cambiar mi VISA y me hacían los trámites una vez pagada la multa y presentando los papeles necesarios de acuerdo a la VISA que pidiera.
Y pensar que en España, si uno supera la cantidad de días permitidos, le persiguen, le enjaulan entre un dia y un mes en un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros), le deportan, le multan y le prohíben la entrada de nuevo. Esa misma España que ellos imaginan de mujeres calientes y piscinas de dinero, de paellas y bravas, de IPods y casas en la playa…
Pero yo estoy bien.
P.D. Escribí unos artículos sobre Perú en el blog de la Casa América, por si alguno le apetece…