El difícil juicio contra B. (un boceto)

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Bastó el primer día de comparecencia ante el Supremo para que la acusación de asesinato se volviera contra B.

“Mi marido nunca aceptó que no hubiera cosa que me gustara más que un combate de boxeo”.

Así comenzó la acusación de la esposa de B., afligida tras la desaparición forzosa de su hija, ante un fiscal atónito y un rumor generalizado en la sala que obligó al juez a demostrar la autoridad de su martillo para poner orden. Del otro lado de la sala, la prensa escrita pegaba la oreja a los muros entre rumores y falsas pistas. Las expectativas generadas habían dividido a la opinión pública. Por eso el juez no tuvo más remedio que llevar el juicio en el más estricto anonimato.

“Siempre supe que el matrimonio destruiría mi vida, lo supe desde que en la noche de bodas el pendejo me dijo que si le enseñaba a hacer arroz. El cabrón acabó con mi virginidad y a la mañana siguiente ni me dio los buenos días”.