Hertha Müller

“Bueno, naturalmente yo no la podía cortar, ni me la podía poner, me daba terror colgármela en el cuello con esas garras. Pero el día que la compramos, fui con mi madre a ver al cazador para escoger una de las pieles que tenía clavadas en la pared en su casa. Le pregunté cómo lo había cazado, si con la escopeta, y me contestó que los zorros no se cazan con la escopeta: “Los zorros entran en la trampa”. Esta frase se me quedó grabada. Luego vino la caza del zorro en mi piso. Los del Servicio Secreto iban a mi casa mientras yo estaba fuera, y empezaron a cortar la piel en pedazos, primero cortando la cola, después una pata, luego otra. Semana tras semana faltaba otra parte. Pero yo seguía poniendo la piel en el suelo, como una pequeña alfombra, pues pensaba que, mientras estuvieran ocupados con el zorro, a lo mejor no se ocupaban de mí. El zorro estaba en la trampa también en mi habitación. Todos estábamos en la trampa, el país entero estaba en la trampa. Porque una trampa es un lugar de donde uno no puede salir, ni puede dar marcha atrás. Puedes vivir como quieras, pero no sales de esta situación. Los tres autores que escogí para esas conferencias en la universidad estaban así, metidos en un callejón sin salida.”

Hertha Müller