J.L.Guerrero

Los maestros deberían ser de las profesiones mejor pagadas del mundo.

Recojo un extracto de una entrevista al filósofo inglés Simon Crichtley:

“Enseñar es algo extraño. Como en el psicoanálisis, la transferencia lo es todo, dar tu confianza en un acto de amor hacia el analista, quien a cambio te proporcionará cierta luz acerca de quién eres. Ganas en autonomía gracias a renunciar a ella. A los profesores que tuve, de alguna forma los quería mucho. Sentía devoción por ellos, y por eso te entregas a su manera de ver las cosas, y lo que consigues después de un tiempo es una especie de autonomía. Eso es lo extraño de enseñar. Te sometes a la autoridad para llegar a cierta idea de libertad”.

Cuando lo leí pensé en José Luis Guerrero, mi maestro de filosofía en la escuela. Por él estudié filosofía en la universidad, aunque siempre supe que en verdad quería hacer películas. También me enseñó un nuevo mundo de creadores. Veía a Peter Greenaway, escuchaba a Philip Glass, y dibujaba cuadrados como si fuera Malevich. Me dijo un par de cosas que nunca se me olvidarán. Y me dio un consejo invaluable; un consejo que para un adolescente era pura dinamita: manda a tus padres a tomar por culo. Y agarré una mochila y me fui a recorrer el mundo. Me entregué a él por completo, a la edad de 17 años.

Gracias maestro.

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