Secuencia 1

EXT. TORRE LATINOAMERICANA. DÍA

 

La Torre Latinoamericana destaca en el horizonte del Centro Histórico de la Ciudad de México. Mil veces retratada, objeto de culto para el capitalino, desde 1956 ha soportado varios temblores y miles de manifestaciones sociales. Es un símbolo de resistencia.

Buscando la manera de empezar esta historia, caí en un artículo que habla de la eroticidad de las ciudades. La autora habla de cómo cada uno de nosotres tiene por su historial personal y cultural una manera de entender y vivir el sexo, y eso lo proyectamos en el paisaje urbanístico que nos rodea. La arquitectura funcionaría entonces como una pantalla en blanco en donde proyectamos nuestro inconsciente erótico.

Si asumimos esta tesis, un rascacielos como la Torre Latinoamericana debería ser para el hombre de la Ciudad de México una representación de su falo. No tanto por la forma arquitectónica en sí, que recuerda más a una inyección al cielo, sino por su representación simbólica en la historia de la ciudad. Erigida sobre las pirámides de la vieja Tenochtitlán, y construida a su vez sobre un lago entre volcanes, hoy es puerta de entrada al Zócalo, el Palacio de Gobierno y la Catedral. Su construcción llamó la atención del mundo al convertirse en el primer rascacielos de México y el mayor de Latinoamérica durante casi 20 años. Cada temblor no hace más que enorgullecer al capitalino por lo bien construida que está. Imaginemos cómo debió sentirse el ego del mexicano cuando el terrible temblor de 1985 derrumbó varios edificios del centro menos su torre. Símbolo de fuerza y poder hegemónico y omnipresente. ¿Qué podría superarla? Solo una torre mayor, más alta, más moderna y acristalada. Una torre con viagra.

Ambientemos el inicio del documental con algo de música. Tras unos sobrios créditos de inicio sobre fondo negro, suena esto…

En el mirador de la Torre Latinoamericana, varios turistas toman fotografías de la infinita ciudad, señalando distintas partes, comentando cualquier cosa. Mira, mira, mira. Con suerte y si la contaminación lo permite, el volcán Popocatepetl emite alguna fumarola blanca. Estoy seguro que algún turista pelearía por ocupar el mejor lugar para tener las mejor vista para tomar la mejor fotografía.

Buscaría entre los trabajadores masculinos para hacer una entrevista, idealmente al más longevo, no sé, pongamos por caso, un ascensorista. Le preguntaría sobre su experiencia en la torre con los temblores, como mera introducción, para luego comentarle sobre la simbología de la torre y el sentido de construir rascacielos sobre un viejo lago, que fue un poco desecado con antiguas pirámides, que fue más desecado con cemento y alquitrán y que todo esto se aposenta sobre la conjunción de cinco temblorosas placas tectónicas. Me pregunto si este afán de superación y dominación urbanística que hemos caracterizado históricamente de “humano”, responde en verdad a un complejo masculino debido a la relación de poder con su miembro sexual tanto personal como social. Imaginen la cara del ascensorista.

Mientras escuchamos hablar a nuestro personaje, vemos desde lo alto tomas del cruce de la calle Madero con el Eje Central donde se concentra mucha gente esperando a cruzar. Luego entraría mi voz, diciendo algo como: desde lo alto de la torre, veo a los turistas hacer fila cargados con sus cámaras de fotos, llenos de expectativas ante la vista que les espera en el mirador de la torre; y no puedo dejar de pensar en que podrían ser espermatozoides, peleando por llegar los primeros a la punta del edificio.

Espermatozoides cruzando Eje Central

Soy consciente que esta primera secuencia no responde a la pregunta sobre el significado de la masculinidad. Sin embargo, este inicio ayuda a establecer el tono y estilo del documental, me ayuda a presentarme como personaje, nos sitúa como espectadores en la Ciudad de México y algo importante, establecemos un campo semántico donde aparece una palabra clave: inconsciente. Este proyecto habla sobre mi masculinidad enterrada, la que ha construido mi personalidad desde la interacción social, laboral, familiar. Pero no esperen un estudio sociológico, no estoy capacitado para aislar el objeto de análisis, tampoco un alegato contra la masculinidad tóxica. Es más bien, un acuerdo conmigo mismo, un entente con mi masculinidad y los personajes que la construyeron. Quiero representar la masculinidad que se manifiesta cultural e históricamente a través de mí y que se encadena con procesos familiares y personales, heredándose de padre a hijo, de maestro a alumno, de hombre a hombre.

Bienvenides a “Cabeza de un hombre”, un juego narrativovisual donde las fronteras de análisis se desdibujan, las esferas de lo personal y lo social se conjugan, donde el todo prevalece sobre las partes, donde mis miedos devienen imágenes de dioses mexicas y los fantasmas de hombres pasados me persiguen. Bienvenides al caos de mi cabeza.

 

 

Sigue leyendo más sobre CABEZA DE UN HOMBRE

 

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