Me falta la T

Acabo de recibir el primer aviso. Pronto me quedaré sin la letra T de mi teclado. Se está hundiendo del lado izquierdo, y cada vez que presiono, la tecla se hunde un poco más. La observo con cuidado, quizás pueda arreglarla…

Nada. He intentado levantar el lado derecho, pero solo he logrado hundirla más. Las consecuencias de esta pérdida son inimaginables. Así que voy a usar la menor cantidad de palabras que contengan la letra T, a fin de salvar el mayor número de palabras.

Es curioso. Hasta que no estoy cerca de perderla, no me doy cuenta de lo necesaria que es en mi vida. La digo en voz alta, t t t t t t , y suena en mi cabeza de la misma forma que cabeza en francés (tête). Según la RAE, la lengua castellana contiene a la fecha 93,111 palabras, de las cuales 29,944 contienen al menos una T…Mierda…Si la sigo usando, se hundirá más. Pero hay muchas cosas que todavía quiero escribir antes de que se pierda por comple…

¡Se fue! Y solo por la pereza de pensar en un sinónimo.

Pienso con aflicción (hubiera preferido usar nos*algia o *ris*reza) en las palabras que hubiera querido escribir con ella, como una especie de despedida. Aprovechar que *odavía exis*ías para recordar aquellas palabras que compar*imos. Cuan*o más escribo, más veo la de palabras que ya no voy a usar, palabras impor*an*es, fundamen*ales, ¡vi*ales! ¡Ya no escribiré his*orias, ni *ex*os, ni obras de *ea*ro! Y usar es*e as*erisco me es muy frus*ran*e, es peor que nada, ¿cómo sus*i*uir*e?

Es difícil no ver el vacío que dejas al lado de la R y la Y. Desaparecerán 29,944 palabras de mi vida. Desaparecerá la segunda persona singular y plural. Sólo me quedaré con yo, mi, me y conmigo.

Pero el vacío que dejas, da espacio para que los demás signos se reivindiquen. Si lo pienso bien, aún me quedan 63,167 palabras por usar, palabras libres de *. Esas son muchas palabras para gozar, para saborear y regocijarse. Muchas palabras con las que escribir narraciones, leyendas, memorias y biografías. Muchas palabras para descubrir la promesa de una vida sin *emor y sin *ris*eza.

Adiós, le*ra *

Las mejores historias – capítulo 3 y final

No volvería a ser camarero. Pero reconozco que las más humanas historias y los más curiosos aprendizajes me han sucedido mientras he sido camarero. Este es el tercer capítulo de una serie sobre mis experiencias en la hostelería.

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La mal llamada caravana de migrantes

RESPETO

Escribo tras regresar de trabajar como productor local para la cadena de noticias ABC News. Un amigo me llamó, buscaba a alguien que volara al día siguiente a Veracruz junto con un reportero y un productor estadounidenses para seguir la caravana de migrantes que están cruzando México en su periplo al norte. Son los días previos a las elecciones de medio tiempo (midterm elections) y Trump está usando la caravana como llamamiento a las urnas. Nunca he hecho noticias, le digo. Pagan en dólares al salario de allá, me dice.

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100 años

Hoy he ido al consulado a renovar mi pasaporte y mientras esperaba me he puesto a hablar con un señor muy amable y sonriente. Le cedo mi lugar en la fila, pero no lo quiere aceptar porque le da vergüenza. El señor tiene 100 años. Cuando le pregunto cómo llegó a México, me dice que por la guerra civil, exiliado republicano.

Después llego a casa y veo una noticia en la que un joven ha sido multado por poner digitalmente su cara en una fotografia de un Cristo en Jaen y subirla su instagram. Le han caído 480 euros, y eso gracias a que ha admitido su culpa, si no, le podrían haber caído 2 mil y tantos.

Y pienso en si en estos 100 años ha cambiado algo desde que ese señor se fue.

Las mejores historias – capítulo 2

No volvería a ser camarero. Pero reconozco que las más humanas historias y los más curiosos aprendizajes me han sucedido mientras he sido camarero. Este es el segundo capítulo de una serie sobre mis experiencias en la hostelería.

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Las mejores historias – capítulo 1

No volvería a ser camarero. Pero reconozco que las más humanas historias y los más curiosos aprendizajes me han sucedido mientras he sido camarero. Este es el primer capítulo de una serie sobre mis experiencias en la hostelería.

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Cuando tocabas en un grupo de música…

…solo esperabas a que llegara el día que te juntaras para ensayar. Porque ensayar era mucho más divertido que el concierto. No me creo eso que dicen los músicos de la increíble sensación que es la de regalar la música a un público, que ahí reside el sentido de su trabajo. Será que no eres músico y no sabes de lo que hablas. Seguir leyendo “Cuando tocabas en un grupo de música…”

Cine en la selva

En Enero de 2011 recibo una llamada de Aldo Callegari, co-director de la asociación sin ánimo de lucro Nómadas-Perú. Me invita a dirigir un taller de realización documental en la selva amazónica en la frontera entre Perú y Ecuador. No termina de explicarme el proyecto cuando le digo que sí. Seguir leyendo “Cine en la selva”

El Chapo en la trampa

Volvieron a cazar al Chapo. Ahora resulta que Sean Penn y Kate del Castillo le hicieron una entrevista meses antes y la publican ahora en la revista Rolling Stone. Dos minutos escasos que resumen cómo el narco y Hollywood se unen por una misma causa. Seguir leyendo “El Chapo en la trampa”

La guerra de 25 años de Andorra

Andorra declaró la guerra a Alemania en 1914, en los primeros compases del conflicto. A pesar de ello, nunca participó en el combate. Su ejército, formado por diez soldados, nunca pisó el campo de batalla. Seguir leyendo “La guerra de 25 años de Andorra”

Javier no es Billy the Kid, es el puto Pat Garret

Javier escuchaba todas las noches el mismo disco, vuelta tras vuelta, sin pausa. No entendía por qué no se hartaba de Bob, el dios Dylan, y su banda sonora para la película de Sam Peckinpah “Pat Garret y Billy the Kid”. Grabada en el estudio sin segundas tomas, sin efectos de mesa, sin doble significado. Para Javier no solo es el mejor trabajo de Bob, no, es Seguir leyendo “Javier no es Billy the Kid, es el puto Pat Garret”

Guía de Viajes a Ninguna: Londrina y la Geografía del Tiempo

En Londrina resulta incalculable preguntar por una dirección. Aquel que llegue por primera vez a la ciudad debe saber que los Londrinos pasan verdaderas dificultades para orientar a los perdidos. Cuando se les pregunta por el camino hacia algún punto de su ciudad se puede ver el desconcierto y padecimiento de quien debe usar un nuevo idioma. Y es que para los Londrinos apenas existen vocablos relacionados con la medición del espacio. Su mente se vuelve confusa y desorientada y no sería de extrañar que se enfadaran con usted.

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Extraño es querer seguir haciéndolo.

“Yo tengo un trabajo que implica 12 horas al día, y aun así quiero seguir contando historias. Escribir te provoca estrés, no duermes, te obsesionas, pero es lo que te hace feliz. Y no escribes por dinero ni por fama…Escribes para no estar triste”.

– Babelia, 18.02.2012