Cine en la selva

En Enero de 2011 recibo una llamada de Aldo Callegari, co-director de la asociación sin ánimo de lucro Nómadas-Perú. Me invita a dirigir un taller de realización documental en la selva amazónica en la frontera entre Perú y Ecuador. No termina de explicarme el proyecto cuando le digo que sí.

El taller de realización documental lo organizan “Nómadas” de Perú, junto con “Medios en Común” de Colombia y “Cinestesias” de España. Dirigido a jóvenes de entre 15 y 18 años, se trata de unir en un lugar singular a jóvenes de la comunidad peruana de Puerto Galilea, jóvenes de la ciudad ecuatoriana de Chapiza y de la fronteriza Pasto en Colombia. A través de la convivencia intercultural y de la formación audiovisual se busca que los jóvenes aprendan a mirar y valorar al “Otro”, desde el individuo singular hasta el colectivo que forma una comunidad.



EL VIAJE

Tras varios días de preparación partimos de Lima en un trayecto de dos días por carretera hasta Santa María de Nieva, en el departamento del Amazonas. Es la última ciudad con camino antes de navegar por las aguas del río Santiago, afluente del río Marañón y a su vez afluente de río Amazonas. Alquilamos una chalupa y tras siete u ocho horas de selva profunda y opaca llegamos a la población de Puerto Galilea. Ahí nos quedamos las tres próximas semanas en las que transcurre el taller.

Puerto Galilea nace como enclave militar durante el conflicto entre Perú y Ecuador. A su alrededor se establecieron colonos, en parte comerciantes y en parte familiares de militares destinados en esa base. Durante el conflicto armado el gobierno peruano regala lotes con el fin de adueñarse de lo que hasta entonces es tierra de nadie. Sin embargo no son espacios vacíos. En las profundidades de la selva existen comunidades indígenas originarias de esas tierras. A lo largo del río Santiago habitan los awajún y los wampis, descendientes de los jíbaros y que a día de hoy todavía mantienen numerosas costumbres y tradiciones ancestrales.


INICIO DEL TALLER

Las autoridades de Puerto Galilea nos ceden el salón comunal para la realización del taller. Es el primer día y tutores y alumnos nos miramos nerviosos, especulando en silencio, llenos de incertidumbres y preguntas. Las diferencias culturales, sociales o económicas entre los chicos resultan demasiado obvias. Un joven de Pasto entra escuchando música con un Mp3 mientras el de la comunidad peruana apenas tiene un lapicero con el que anotar.

Las primeras sesiones las dedicamos a hacer dinámicas de grupo, que permitan la interacción entre todos, tutores o alumnos. Básicamente se tratan de juegos que ayudan a identificar de forma lúdica el lugar de proveniencia de cada uno, sus gustos o hobbies y las esperanzas y objetivos que tienen con el taller. Esto permite romper un poco con el hielo. Los tutores explicamos cómo va a ser el taller y entre todos establecemos las reglas de comportamiento para esos días. Poco a poco aparecen las primeras risas y el ambiente se va relajando.

Pero no todos participamos en el taller. Luna, estudiante de antropología y voluntaria de Nómadas, tiene una importante misión: la creación de una videoteca comunitaria. Con la ayuda de Juan José, fundador de la radio comunitaria “Radio Kanús”, reúnen a un grupo de interesados con los que estudian la forma de administrar y financiar una videoteca que se ajuste a las necesidades de la comunidad. Gracias a la cesión gratuita de películas por parte de diferentes empresas productoras, organizaciones e instituciones latinoamericanas, el archivo de la videoteca no es en absoluto desdeñable. Un equipo de proyección y el compromiso de unos pocos valen para inaugurar la primera videoteca comunitaria del río Santiago.


ATACANDO LA IDEA

Pasadas las presentaciones de los primeros días, los tutores decidimos formar los grupos en los que los alumnos tendrán que realizar su pequeña pieza documental. Cada tutor comienza a barajar con su grupo potenciales ideas. Los primeros momentos son de caos: hay que detectar los intereses personales de cada individuo para trazar una línea de interés común a todo el grupo. Los jóvenes de la comunidad dominan la conversación pues son quienes manejan la información de su comunidad de primera mano. Esto ocurre en casi todos los grupos menos en el que tutorizo yo. Justina, una joven wampis de 18 años, se maneja poco con el español, acostumbrada a usar su lengua nativa.

Al final del día se juntan los grupos y se discuten las ideas propuestas por cada grupo. Casi todas giran alrededor del modo de organización de la comunidad indígena, llamando la atención especialmente el tema de la poligamia y su evolución en las nuevas generaciones. La mayoría de jóvenes de la comunidad nos cuentan que sus padres todavía tienen varias mujeres, pero que ni ellas ni sus hermanas aceptan la poligamia y exigen un mayor compromiso por parte de la comunidad. Otro tema de interés es el de las costumbres, especialmente el de la caza tradicional.

Las tardes las dedicamos a la proyección de películas documentales cortas que estimulen la imaginación y creatividad de los alumnos. Con el equipo de Nómadas también organizamos proyecciones en comunidades cercanas a Puerto Galilea permitiendo que los alumnos participen de la exhibición. Al final del taller los alumnos proyectarán las películas que han realizado. Un día encargamos palomitas para todos los asistentes, pero descubrimos que en la selva tiene su propio snack: el suri, un gusano blanco y de considerable tamaño que los niños de la comunidad han recogido y nos ofrecen generosamente. Todos miramos el vaso lleno de gusanos vivos y respetuosamente volvemos a nuestras palomitas.

Las siguientes sesiones son las más divertidas: manejo de cámara y micrófonos. A la vez se imparte una mínima teoría cinematográfica, como es el valor de los planos (primer plano, plano medio, general, etc), movimientos de cámara, encuadres y perspectivas, e identificamos los recursos propios del documental (entrevistas, seguimientos,…). Todo esto lo combinamos con una fuerte práctica que sea lúdica y amena, en un intento de que los jóvenes con menos cultura audiovisual lleguen al manejo de la cámara de una forma natural pero reconociendo aquello que buscan. Esto es quizá lo más complicado. Justina, la joven wampis, maneja la cámara como si hubiera nacido con ella bajo el brazo, ofreciendo planos y perspectivas originales y bien hechos. El problema es que resulta imposible hacerla entender la función del botón de REC…

En paralelo trabajamos los guiones de los documentales. Con esquemas sencillos los jóvenes concreten sus ideas, identificando personajes, espacios, acciones, y dandoles tiempo a que investiguen y se documenten sobre aquello de lo que quieren hablar. El próximo paso es escribir una estructura a modo de escaleta donde rellenan cada secuencia y cada acto de su documental con aquello que han investigado. En todas estas sesiones se van desmarcando aquellos que prefieren ocuparse de la cámara y se desentienden de la historia, aquellos más dispuestos a realizar las entrevistas…Tal y como ocurre en el mundo profesional.

En mi grupo quieren hacer un documental sobre tres generaciones de mujeres wampis que muestren cómo ha ido evolucionando la comunidad. Entrevistamos para ello a la propia Justina, que reconoce tener ganas de conocer otros lugares más allá de su comunidad y estudiar una carrera universitaria. Mayor que ella, Pifeña, administradora en la municipalidad de Puerto Galilea, como ejemplo de mujer trabajadora con un puesto relevante en una comunidad donde el hombre domina las relaciones institucionales. Por último entrevistamos a una señora casada y que vivió varios años como segunda esposa de un mismo hombre. Ella se encarga del cuidado de la casa y las tierras. Curiosamente, estas tres mujeres son primas, hermanas lejanas, o tías abuelas…



¡Y ACCIÓN!

Y por fin, el mejor momento de todo el taller. A pesar de ser tutor, siento el gusano típico antes de rodar. Cargamos cámara y micrófono al hombro y caminamos por la comunidad, entre palmeras y cocoteros, bajo la atenta mirada de todos los comuneros que nos siguen allá donde vamos. Al final del día exportamos el material a un sencillo programa de edición donde los alumnos eligen la toma de cada plano que consideran buena. Es el momento también de ver qué tienen y qué falta para que puedan contar la historia que quieren.

El montaje es sin duda lo más complicado de explicar debido a que resulta abstracto y confuso. Pero una vez que ven cómo sus planos se unen y narran una historia, la cara se les ilumina y ya están deseando salir al día siguiente a rodar. Para las músicas contamos con el apoyo de Radio Kanús que nos prestan canciones tradicionales de las comunidades indígenas.

 

Finalizado el rodaje y el montaje, mandamos a los alumnos a invitar a todos los vecinos de Puerto Galilea a ver sus obras proyectadas en pantalla grande. En el campo de fútbol armamos la pantalla inflable, conectamos los equipos, colocamos unos bancos, preparamos el suri y damos comienzo a la función. Por primera vez, los miembros de la comunidad nativa de Puerto Galilea se ven reflejados en una pantalla.